La lluvia caía sobre mí precipitadamente. Podía sentir el lujo de las gotas cayendo en mi cuerpo y rozando mi existencia hasta caer al suelo. No me importara lo que pasara, allí estaba bien, dándome un simple baño no planeado con mi ropa empapada, en un mar de mentiras.
Pero me sentía bien en el centro de esas gotas, aunque sabía que en el momento en el que pararan me sentiría desgarrada cuando todo esto acabe. Ya que había caído en el cebo como cualquier pececito de cualquier mar.
La lluvia, llamada mentiras seguía, y yo junto a ella. Se que debo abrir mi paraguas y evitarla para luego estar perfectamente seca sin ninguna gota... pero me siento débil, quiero seguir empapándome...
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